Lo que revela el inédito informe de la Dipres: Chile entra en una planicie

Dipres

May 05

Tras los vaivenes asociados al estallido social y el virus, el potencial de crecimiento de la economía bajó de 3% a 1,8% este año. Y después no despega.

Por Marcela Gómez

Martes 5 de mayo de 2020

La actividad económica caerá este año y se recuperará con fuerza el próximo, pero en el mediano plazo el país se encamina hacia un crecimiento más «mediocre» del que estaba acostumbrado. Este es, en apretada síntesis, el escenario que plantea la Dirección de Presupuestos en una inédita adenda del Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre.

Para el PIB, Hacienda prevé que en los siguientes años la economía andará al tres y al cuatro: para 2021, proyecta un alza de 4,3%; para 2022, de 3,5%; en 2023, 3,2%, y 2024, 3,2% también.

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Pero hay otro número que determina una horizonte para la misma economía que va más allá de un PIB puntual. Se trata del PIB tendencial, indicador apunta a la capacidad de producción del país en el mediano plazo, más allá de los ciclos económicos.

Tras la nueva consulta a los comités de expertos, ahora se estima que el PIB tendencial para 2020 será de 1,8%, desde el 3% fijado en 2019 por los mismos expertos. Pero el horizonte es sombrío después también, dado que ese panel estimó un promedio de 2,2% de ese indicador para el período entre 2021 al 2025. ¿Qué significa esta rebaja para el crecimiento futuro?

«Implica que se ha visto reducida nuestra capacidad de crecimiento y, por lo tanto, disponemos de menos recursos públicos hacia adelante para financiar programas de cualquier índole», afirma la economista jefa de Banchile, Carolina Grünwald, quien recuerda que este PIB tendencial es el más bajo, al menos, desde 1990.

El investigador senior de Clapes UC Luis Felipe Lagos señala que tras evaluar los impactos del estallido social de octubre de 2019, en Clapes habían rebajado el PIB tendencial a un rango entre 1,5% y 3%. «Lamentablemente estábamos en lo correcto. Lo que corrobora el comité es que la capacidad de la economía de crecer se ha reducido drásticamente», afirma. Explica que si bien la economía chilena venía creciendo menos en los últimos años, el shock de octubre genera efectos «más intensos y duraderos sobre la inversión y la productividad que los asociados a la crisis sanitaria».

En su análisis, el impacto del virus es esencialmente transitorio («desvía mucho de la tendencia, pero no la cambia»), mientras que la incapacidad de restablecer el orden público y la incertidumbre asociada a un cambio constitucional tienen efectos disruptivos sobre la estabilidad del país y generan mucha incertidumbre por los próximos dos años.

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El informe de Dipres también tenía otras novedades. Entre ellas, que tras el efecto combinado de la crisis de octubre y el Covid-19 en gastos e ingresos, la deuda pública bruta se ubicaría en torno al 40% del PIB en 2024, su mayor nivel al menos desde 1990.

Carolina Grünwald estima que ese nivel es razonable, considerando que en promedio los mercados emergentes tienen niveles del 50%. «Sin embargo, preocupa la rapidez con que va creciendo esta deuda y el consecuente pago de intereses que esto conlleva, además de rebajas en la nota a nuestro riesgo crediticio como país», agrega.

Destaca también que gracias a la buena gestión histórica en términos fiscales, «tenemos espacio para endeudarnos y no estamos recurriendo a préstamos al FMI para enfrentar esta crisis».

El informe detalla que con todos los ajustes realizados se llega a un escenario dramático en términos de las holguras fiscales, como se denomina al nivel de gasto que permite la meta de déficit estructural que se ha fijdo el Gobierno y los compromisos de financiamiento que derivan de las leyes aprobadas.

Simplemente «no existen holguras fiscales para los años 2021 y 2022, y la diferencia entre el gasto compatible con la meta y el gasto comprometido se ha tornado hacia un valor negativo», dice el reporte.

Para la economista, esto significa que, bajo el actual escenario de tasas de crecimiento y variables de largo plazo, no se puede gastar más en el marco del cumplimiento de la meta del balance estructural. «Hay que ganar espacio vía mayor crecimiento (recordemos que el Fisco recauda US$  600 millones por punto de crecimiento) o vía reasignación de gastos», propone.

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A juicio de Luis Felipe Lagos, el estrés a que están sometidas las finanzas públicas desde octubre, que razonablemente motivaron que el Gobierno modifique el compromiso fiscal original, no implica que la regla ya no sirva.

«La regla fiscal nos dice: en periodo buenos, ahorre, y en los de ‘vacas flacas’, gaste. Eso es lo que estamos haciendo. El principal mensaje aquí es que debemos cuidar la disciplina fiscal porque paga, ya que nos permite ahorrar para tiempos malos», afirma.

Añade que, correctamente ante el escenario actual, las autoridades han recurrido a aumentar fuertemente el gasto y la deuda. «Hacia adelante deberíamos fijar una trayectoria que nos permite converger nuevamente hacia una meta de balance cíclicamente ajustado a 2024 y, una vez que superemos este shock, tener especial cuidado en evaluar los gastos y reasignar recursos desde programas mal evaluados», dice.

Plantea que el no tener holguras fiscales en los próximos dos años implica «que no podremos hacer al mismo tiempo todos los gastos que nos exigen en materia social. Esto hay que sincerarlo».

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